La Navidad representa para el cristiano la llegada, el nacimiento de Jesús que se nos recuerda en ( Lc 1,68-79) con estas palabras
" Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz."
Tiempo pues de recogimiento en oración y en familia, buscando amar al prójimo por amor a Dios, iluminados por esa luz resplandeciente que nos aporta calor y alegría a nuestras vidas.
La navidad para los no creyentes, para los ateos militantes y para quienes han decidido vivir sin Dios en sus vidas, se concentra en las luces que nos caen de lo alto de nuestras calles y plazas y se encaraman en los escaparates de los grades almacenes llamándonos al consumo en ocasiones desenfrenado y casi obligatorio de todo cuanto en verdad poco o nada necesitamos pero que mueve la economía del mundo.
La navidad económica o productiva se contrapone y en buena medida se impone frente a la navidad sencilla del carpintero de Nazaret, del hijo de María esposa de José de la casa de David que desde la humildad de su cuna nos vino a traer
la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres
de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
No dejemos de mirar el establo donde Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre nos dejo una promesa : la alegría de ser hijos de Dios aunque no queramos reconocerle en nuestras vidas.


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