Cuando
miramos a nuestro alrededor e intentamos comprender lo que sucede, lo primero con lo que uno se tropieza, es con la sensación
de que todo está al revés de como creíamos que debería encontrarse al menos en
el campo de la vida pública, de la vida política, de la vida social , de la
vida religiosa hasta de la vida deportiva.
La Derecha organizada
intentando ejercer de izquierda política
y la izquierda amplia ejerciendo de
Derecha social, los nacionalismos avalados por los internacionalistas de antaño
y la globalización defendida por los amantes de la patria y la nación, el
pensamiento único progre calificando a todo el que no se mueve en su paraíso de
facha y los fascistas de toda la vida
dirigiendo nuestros ahorros en nombre de la democracia, el sindicalismo de clase vertical hasta la
nausea y la patronal entregada al socialismo cubano de última generación.
De pronto
los electores, antaño denominado pueblo, son convocados a decidir en las urnas
el destino de sus desgracias y cada cual ante la cita se pregunta ¿Quién es quién?
¿De qué me va a servir leerme las promesas o programas? ¿Qué diferencia hay entre
un imputado de un partido y un imputado de otro?........y de repente nos encontramos
muchos, más de los que una sociedad sana puede soportar para una convivencia en
paz con un dilema No nos fiamos de nada ni de nadie.
Urge como el
respirar devolvernos la confianza como pueblo reinstaurando los valores morales
y éticos que nos permitieron en momentos
determinados de nuestra historia reciente alcanzar los consensos necesarios para vivir
en paz y con crecimiento económico: la
verdad, la justicia, la responsabilidad,
la tolerancia, el dialogo ,
la solidaridad, el trabajo
honrado, mantener la palabra dada, la
crítica , la apertura a la utopía y la unidad.
Estamos pues
abocados a enfrentarnos a estos dos dilemas: ¿Sabremos vivir juntos? ¿Podremos
vivir juntos? Es evidente que la respuesta, el camino de alguna manera lo
insinuó el profesor Julián Marías ante la Conferencia Episcopal Española cuando
uno de los obispos asistentes le preguntó ¿Qué nos aconseja Ud. para esta época
difícil? El anciano filósofo no tuvo que darle muchas vueltas. Respondió: “¡Pensar,
pensar, pensar! Aunque no nos fiemos de nada ni de nadie o precisamente por eso
mismo.
